martes, 15 de julio de 2008

Racing - Belgrano (La promoción)


Pocas sensaciones resultan tan placenteras como la de la descarga. Es difícil de explicarla: hay que vivirla. Y los jugadores de Racing lo saben. Por eso ahí están todos los protagonistas todos. Apiñados frente a la popular abarrotada de gente. Saltan sin parar, mandan a la Promoción a "la puta que la parió", no desvían su mirada de esa muchedumbre. Se besan, se abrazan, se miran a los ojos de júbilo. Como no pueden arrojarse a la tribuna, entonces deciden despojarse de su ropa, hacerla un bollo y lanzarla a la gente como premio por tanto aliento. Vuelvan camisetas y pantalones varios. Es un efecto dominó. Lo hacen casi todos. La mayoría se queda en cuero, apenas en calzoncillos. No fueron hinchas los que invadieron la cancha: ellos solitos tuvieron la reacción espontánea de retribuir un aguante que conmovió al cemento del Cilindro.

Los físicos se aflojaron por fin. Los nervios se derritieron. Se apagó la electricidad. La tensión, insoportable tensión, una tarde dejó de maltratarlos. Esa terrorífica posibilidad de perder la categoría, ese calvario llamado Promoción, esa angustia que les carcomió la cabeza durante gran parte del torneo... Todas las miserias con las que convivió el plantel de Racing se fueron a la basura. Los jugadores estaban obsesionados con poder tragar saliva sin que les doliera el estómago. Y un día se sacaron la pesadumbre. Y celebraron como si fueran campeones, pero campeones del desahogo. Y tuvieron ganas de abrazarse a cada uno de los 40.000 hinchas, de agradecerles por semejante respaldo, de compartir esas lágrimas que nacían en el corazón y fluían por todas partes.

Los futbolistas esperaban sacarse la espina frente a Colón y esquivar la Promo. El sufrimiento, maldito, se prolongó. En santa Fe volvieron los llantos en un plantel que lloró mucho en los últimos dos meses por la sucesión de frustraciones. Padecieron los grandes, aunque más aún esos juveniles que no estaban preparador psicológicamente para sobrellevar tanta presión. "Los chicos somos los que más lloramos", contó Maxi Moralez la semana pasada. Los grandes (Sava, Chatruc, Estévez y Campagnuolo, entre otros) intentaron apuntalarlos anímicamente, pero hasta a ellos les costó sacar fuerzas. "Estamos muy contentos. Les quiero agradecer a todos mis compañeros por esto, porque vivimos muchas cosas en este semestre", dice el Chanchi en pleno campo de juego. "La gente merecía que dejáramos todo en la cancha", lo sigue Franco Sosa mientras lagrimea. "Tuvimos la suerte que nos faltó durante todo el torneo", sintetiza Matías Sánchez. "Más que festejo, esto fue un desahogo. La pasamos muy mal en este campeonato. ¡Por fin un alivio!", disfruta Mercado. Y al mismo tiempo que ellos hablan, Martínez Gullotta corre unos 50 metros alrededor de la cancha y se toma las partes íntimas para reconocerle a los hinchas los huevos que demostraron en las mala con tanto apoyo.

Otro pergamino. Aunque una copa más no adornará las vitrinas, Racing conquistó el título simbólico de la descarga. No hubo vuelta olímpica, no. Así y todo, el aroma fue similar al que flotó tras aquel histórico 1 a 1 sobre Vélez, en Liniers, lo que le permitió a Racing ser campeón en el Apertura 01 después de 35 años. Al Chocho Llop no le harán una estatua por esto. Pero los este grupo ganó su campeonato tan particular.

Y adiós a los miedos.

1 comentario:

Rooh dijo...

eiii si alma sube de futbol yo subo de cosas para pelo y de kudai (?)
haha pero en fin, Racing (L)